Segunda reseña: “Un trabajo entre historias, números y la suerte”

agosto 21, 2014 • Ciudad, Destacados, Opinión • Views: 1753

Entre amigos que la acompañan y sus clientes.

Entre amigos que la acompañan y sus clientes.

“Cuca”, “macha”, “gata”, y una docena más de sobrenombres son los que acompañan a Ana todos los días mientras da a sus clientes un “pedacito” de suerte. Desde hace una década se dedica a vender lotería frente a Chelles. En 40 minutos que conversamos, la visitaron unas 10 personas y la saludaron otras 20. Llegaron a venderle bolsos, ceviche y ropa; a chismearle, a pedirle cambio y hasta consejos.

Activa las 24 horas del día, con jornadas laborales de hasta 12 horas y feliz de haber dejado el cigarro por primera vez en los 40 años que llevaba de fumar. “A mí me hicieron una entrevista un día, y yo le dije a la muchacha, yo me mantengo el vicio y moriré con él. Cuando me entierren, que me echen una caja de cigarros. Ahora la muchacha no creería que lo dejé. Es la primera vez. Vamos a ver cómo me va. Yo mastico tabaco desde los 5. Mi abuelo me daba mientras lo enrolaba y yo le ayudaba.”

Ana vive en Tibás, terminó el sexto grado y tiene dos chicos que son sus ojos. Cuenta que en todos estos años en “la calle” ha visto de todo, desde asaltos hasta nacimientos. “Una vez una muchacha llegó casi que con el chiquito afuera y diay, me tocó ayudarla. La senté y le puse el suéter mío en las piernas, por aquello.” Reconoce que no ha sido fácil, más por los permisos que pide la Municipalidad y por el montón de “amigos” que lo que quieren es robarle algún pedazo de lotería o menudo que tenga por ahí suelto.

Cuenta que para pasar el día, se pone a crear historias de la gente. “Por ejemplo, vea a esa “falacia” (como le llama ella a los indigentes). Ese toma comida del basurero y no se la come. Lo que hace es irla tirando por la avenida (…) o esa muchacha, ella debe ir al hospital porque está embarazada, pero seguro se enojó con el chavalo porque lleva una cara laaarga.”

Estrategias en invierno.

Estrategias de invierno.

Aunque disfruta su trabajo y sabe que le tienen afecto, dice que trabajar ahí le ha hecho ver la “deshumanización” de la gente. Nadie habla, todo el mundo acelerado, nadie ayuda, todos con el celular pegados al chat. “Por acá siempre pasa un cieguito, oiga, y si yo no le ayudo, ahí se hace de piedra esperando pasar la calle (…) vea ese, ese está feliz pero porque se está haciendo un “selfie”, nada más. Es duro ver todo eso.”

Sin embargo, reconoce que prefiere estar ahí, viviendo eso y relacionándose con todos con los que comparte el oficio en las calles, que estar frente a una computadora todo el día. Se considera una persona importante para el centro pues muchas personas le compran y tiene mucha variedad de números y series. Además, puede dar cuenta de lo que es necesario arreglar y de lo que está bien. “Mi trabajo es este y acá espero quedarme. Sé que cuando me muera algunos notarán mi ausencia. Otros seguirán como si nada. Pero mientras, me gusta Chepe, no se lo niego.”

Ana es “la chancera de Chelles”, otro sobrenombre que le tienen. Ahí pueden encontrarla y hasta comprarle uno que otro número. “Soy buena dando buena suerte”, dice.

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