San José: Ciudad de paradojas

junio 14, 2014 • Ciudad • Views: 4652

Cuando era niño, caminaba de la mano de mi madre por las calles cargadas de gente, intoxicado ante la sobrecarga sensorial de un lugar lleno de bullicio, olores y transacciones. Desde la ventana en la oficina de quinto piso en que ella trabajaba, San José era un hormiguero en el que todos los individuos parecían seguir una coreografía planeada de antemano. Como si atravesar, pasear y vivir la ciudad fuera una especie de juego del que todos éramos parte.

Por supuesto, desde la altura, todo parece seguir un patrón; del mismo modo, al nivel de calle, todo es improvisación. No debería funcionar, pero funciona: así es la ciudad. Los intentos usualmente fútiles de planificación centralizada se topan con la inventiva de aquellos que no la ven desde una ventana y deben recorrerla de cabo a cabo día tras día. Renegociación y reinvención, verticalidad y horizontalidad: la aglomeración se rehúsa a mantenerse estática, siempre buscando movimiento entre fuerzas opuestas. Al final de cuentas, la ciudad no es sino la suma de sus paradojas y contradicciones.

Cuando era un adolescente, San José se había convertido en el Otro. La rutina colegio-bus escolar-suburbio no admitía desvíos por la urbe; no había escape de una monotonía que se volvía estilo de vida. San José era sinónimo de peligro, suciedad y turba. No más compras navideñas ahí, no más caminatas a la extinta oficina de mi madre. Ahora lo que importaba era orden y seguridad, racionalización y privacidad. La mezcla de estratos era insidiosa, poco recomendable. En todo caso, para qué San José si Nueva York, o Londres, o YouTube, o Facebook.

Luego de la mayoría de edad y de la relativa emancipación que eso implica, vuelvo a esos mismos lugares que alguna vez recorrí y me siento como un extraño. Un invasor. ¿Aquello que era mío y dejé abandonado sigue siendo mío? Soy un fantasma suburbano que deambula por la misma ciudad que alguna vez también caminé con mi padre, quien sin proponérselo me enseñó los últimos rastros de un San José de artesanos y obreros al que él perteneció y yo ya no encuentro.

Ahora recorro las calles capitalinas para ir a museos, visitar galerías de arte, disfrutar de festivales al aire libre, conversar en los parques o ver películas en salas de cines en permanente riesgo de extinción. Pero no se me escapa que esas calles que paseo, esos corredores culturales recientemente reactivados, están llenos de historias, pero historias incompletas. Son barrios burgueses, otro epicentro de la Costa Rica liberal e higienizada, que hoy renacen luego de la huida de sus habitantes originales pero que eclipsan una San José marginal en la que bandas de punk o ska –esas cuyos conciertos anunciamos en el programa de radio en el cual trabajo- con talento dudoso, nombres impronunciables y existencias fugaces se reproducen sin cesar. La ciudad cambia y se reinventa, pero es difícil saber si lo hace de forma inclusiva.

Muchos años después de aquellos caminatas en compañía de mi madre, y ahora con una tesis sobre políticas de planificación urbana bajo el brazo, observo la gran masa de cuerpos moviéndose al unísono por la Avenida Central en hora pico y sigo pensando que no hay forma de explicar el funcionamiento de la ciudad, que a lo mejor esta extraña coreografía improvisada es un tipo de ilusión colectiva, un sueño masivo del que algún día despertaremos. Aunque tal vez la mejor forma de captar esta complejidad sea precisamente viéndola con ojos de niño, entendiéndola como un juego cuyas reglas se rehacen cada día pero que por alguna extraña razón –llámesele instinto urbano- todos seguimos comprendiendo.

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One Response to San José: Ciudad de paradojas

  1. Robert Bruce Cuadra dice:

    Hoy fui del Paseo de los Estudiantes al a teatro Nacional y del Testro Nacional a la Librería Lehmann con mi hijo de 10 años, talvez como lo hiciera en alguna tarde de invierno, con papá, hoy de 86 años.

    Nunca me he sentido más seguro en San José, como ahora. Siempre tan multitudinaria, una ciudad de muchas vitrinas. De muchas miradas. Los edificios históricos de la gran era liberal aún perduran, otros, como la Biblioteca Nacional fueron demolidos para dar lugar a la cultura del automóvil.

    Pero no hay otra forma de revivir la ciudad sino es reviviéndola a través de artículos como este, y haciéndola tan segura de noche como de día.

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