Malabareando la tarde. Crónica del Morazán de tod@s

mayo 29, 2014 • Ciudad • Views: 2037

No recuerdo la primera vez que fui al Morazán, solo sé que no he dejado de ir.

Nunca me ha parecido un lugar de pasada. Hay algo en los malabares y en el baile de la tarde que hace que cualquier banca se vuelva mi amiga.

La tarde. Él y su perro. La pareja de la banca de al lado. El roble sabana floreciente. Ella que lee debajo del árbol. El grupo de amigos que se ríen a carcajadas. La señora que medita sentada allá. El muchacho del hula-hula. El break dance en el templo de la música. Y yo con un café, un libro de Florencia Quesada y ganas de saber. Hay algo del Parque Morazán que no ha dejado de pasar.

Hace unos años me enteré de que ahí donde está el Parque Morazán, en el año 1877, todavía había una laguna, sí, una laguna. Hasta ese año, esta fue drenada por salubridad. Donde no había nada se convierte en el segundo parque de la ciudad de San José, 1880. No siempre se llamó así, fue hasta 1887 que se decide darle este nombre en homenaje al militar hondureño Francisco Morazán.

Y justo allí donde él hace malabares y ella saca a pasear a su perro, hace más de cien años fue el área de expansión hacia el este de la ciudad. Con el parque y la Fábrica Nacional de Licores, vinieron los cambios en la zona, Cleto González Flores comienza a vivir allí, se vuelve una zona de élites de poder y con esto vino la música, o mejor dicho el Templo de la Música. 1910 y el parque comienza a requerir un lugar en el cual la música sea el centro, Enrique Peyroutet es el encargado de construir un quiosco, se vuelven populares los conciertos y las retretas, y comienzan a necesitarse cambios en este templo, es en  1920 que se construye un nuevo quiosco al cual se nombra  Templo de la Música. .

Retretas donde asistían diversos sectores de la población,  las primeras  fiestas cívicas, conciertos y discursos políticos son algunas de las actividades que se realizaron en el Morazán durante estas épocas. Y ahí donde muchos se enamoraron, bailaron, caminaron, hablaron, cantaron, ahí seguimos repitiendo la historia los que de vez en cuando nos damos la oportunidad de visitar este parque.

Y de repente ya el parque no es solo de Morazán, el parque es de todos. 

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