Festival Internacional de Artes : La Sabana

junio 11, 2014 • Arte y Cultura • Views: 2521

Vuelve el FIA, otro año en que el parque de La Sabana se inunda de personas y arte. Pero no es el único espacio, es todo Chepe. Teatros, espacios, calles, el mercado, bulevares… todo lleno de colores y gente. Chepe se transforma en fiesta. Pero llega el final y con ello los últimos conciertos.

Decidimos, entre varios amigos, llegar a uno de los conciertos de cierre. Pero para aprovechar el día mejor, había que  estar en el recinto desde más temprano. Ya se me hacía un poco tarde, habíamos quedado en vernos a las cuatro de la tarde pero apenas a esa hora mis clases terminaban del otro lado de la ciudad. No sería ningún problema, cuando al fin pudiera llegar a La Sabana nos comunicaríamos por mensajes de texto para encontrarnos. Lo único que podía salir mal era que la red celular se saturara y no salieran mensajes ni llamadas.

Salí de mi clase en el barrio La California y caminé en dirección a las paradas del bus que va para Sabana Estadio. La fila era enorme pero el flujo de buses era excelente. Me pregunto cuanto habrán ganado transportando este mar infinito de amantes del FIA. No logré conseguir campo para sentarme, pero no importa porque el viaje es corto. En poco tiempo ya estaba en el Paseo Colón, a cien metros de la estatua de León Cortés. A pesar de que el bus llega hasta el estadio, me bajé ahí mismo para explorar un poco.

Dí dos pasos cuando me llegó un mensaje: «estamos cerca del estadio». Qué mala suerte, podía haber seguido en el bus un poco más. No importa, camino y veo el ambiente, pensé. Pasé cercano a la primera tarima cuando oí una gaita. ¿Peregrino Gris? Creí que tocaban una hora atrás pero estaba de suerte. El ambiente era increíble, la música celta siempre causa un efecto eufórico en el ambiente; la gente bailaba y se sentía esa armonía entre todos los asistentes de felicidad inexplicable.

Ante ésta situación, traté de convencer a mis amigos que estaban en el lugar incorrecto, pero me dicen que mejor llegara yo a ellos. Como el concierto estaba a punto de terminar, decidí volver a mi pensamiento inicial y encontrar a mis amigos. Para eso debía atravesar el parque lo que lo convertía en un paseo bastante interesante. Muchos puestos de comida, varias presentaciones con títeres, algunas obras de arte con personas buscando sacarles la mejor foto y sobre todo: muchas personas. Se crea ese aire de pertenencia al grupo cuando aparece un pasillo estrecho y hay que hacer fila. Esa sensación de sentirse parte de algo y agusto con uno mismo.

Finalmente encontré a mis amigos que esperaban debajo de una de las pantallas cercana al escenario. Ya con ellos recuerdo que no he comido y ellos me dicen que tampoco. Nos dirigimos entonces al siguiente concierto, justo al otro lado del parque. ¿Qué tan grande es La Sabana? Esa tarde/noche lo comprobé, porque el destino requirió atravesar, de una manera distinta, el parque. Pasamos por lugares que habían pasado totalmente desapercibidos para mí anteriormente, pero que en ese momento, tenían un aura especial.

Vicentico comenzaba a las ocho en la tarima más próxima al estadio. Conocía un par de canciones solamente, como la mayoría de los fans presentes lo había escuchado más como cantante de Los Fabulosos Cadillacs. Colonizamos un área de zacate y nos pusimos cómodos en un espacio de zacate. Vibramos y disfrutamos de la buena música mientras el mar de gente comenzaba a dar por terminada la noche musical. Empezó entonces una una marcha que me recordó a años pasados. El paseo Colón se llena siempre estos días, como si de una manifestación nocturna se tratara.

El hambre atacaba así que nos detuvimos en un pequeño restaurante de camino a casa. Bien sentados y con buena comida seguimos viendo las oleadas sin fin. ¡Qué chiquitico que es Costa Rica! Comenzaron a pasar conocidos que saludaban golpeando la ventana. Todos habíamos sido partícipes de la alegría cultural que despierta en Costa Rica éste tipo de eventos.

Llegó el momento de separarse. Ellos en carro y yo a buscar un taxi. Tarea complicada cuando miles de personas tienen el mismo objetivo. Sin embargo, uno se siente seguro en medio de este colectivo, no importa que todos sean desconocidos. Finalmente tengo suerte y antes del Hospital de Niños un taxi me pita y abandono a mis fugaces compañeros de caminata.

¡Hasta el próximo FIA!

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