Chepeando / Andrés Fernández

agosto 25, 2014 • Ciudad, Destacados, Opinión • Views: 2956

TRES IMÁGENES

Buen amigo, mejor fotógrafo, Ramón Morera Gil me comparte estas imágenes que, como casi todas las suyas, vale la pena compartir a su vez. Lo hago ahora con ustedes y me limito a glosarlas con sorna… que para quienes carecen de humor, es la sarna de su existencia desangelada.

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La construcción del Cuartel Bellavista se inició en 1916, más no se terminó si no más de una década después, hacia 1930. Empero, su medieval y escenográfica fachada principal no fue apreciada por los costarricenses durante años, pues la manzana de enfrente estaba construida.

Eso cambió con la construcción, en 1989, de la Plaza de la Democracia, que despejó ese frente y abrió un nuevo y necesario espacio público en la ciudad… despejada visual urbana que se ha visto sucesivamente víctima de varios ataques, síntomas todos del ciudadano horror vacui propio de los ticos.

Primero se cerró la entrada al Museo por dicho costado y se colocó una especie de brutal monumento a las pilas de lavar ropa; luego, le tocó el turno a un monumento a don Pepe que partía en sentido noroeste-sureste, una plaza ya de por sí difícil de atravesar en el sentido diagonal contrario.

La más reciente agresión al esfuerzo urbano que representó abrir la cara del viejo cuartel, es esa especie de maqueta del motor de plasma del señor Chang Díaz, cuyo sentido urbano y estético se le escapa a cualquiera que no sea quien la diseñó… después del artesanal tugurio, tendremos que ver cómo la quitamos.

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Llamado desde su inauguración misma el Castillo Azul, ese emblemático edificio josefino fue mandado a construir en 1911 por don Máximo Fernández Alvarado, líder de un populista Partido Republicano. Eterno candidato a la presidencia y perdedor consuetudinario –para suerte de la República, por cierto–, su idea era hacer de él la Casa Presidencial.

Paradoja de su biografía es el que aunque nunca ocupó aquel alto puesto, la casa si llegó a su destino durante tres administraciones. Azul desde un inicio, como la bandera misma del partido de Fernández, lástima que quien la restauró tan bien recientemente, no lo supiera… y la pintara de gris: ¡sólo aquí!

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Diseño del arquitecto josefino Jaime Carranza Aguilar, la Estación del Ferrocarril al Atlántico, de 1908, culmina su ecléctica presencia urbana con un frontón barroco obra, posiblemente del decorador suizo-italiano Augusto Induni.

Notoria en tan notable trabajo, es la presencia no sólo del Hermes griego o Mercurio romano, dios del comercio y de las comunicaciones, que se entiende, sino también la de Venus-Afrodita diosa del amor y el erotismo, ésta sí muy intrigante… por eso, quiero creer que está ahí para erotizar nuestra curiosidad urbana y humana con amor y con humor.

One Response to Chepeando / Andrés Fernández

  1. erick dice:

    Tres hermosos puntos de la ciudad. Ojalá se le ocurra a alguien de la administración del congreso pintar el castillo azul otra vez de azul (aunque suena lógico, parece que no lo es tanto)

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