Los oídos de los habitantes de San José

junio 3, 2014 • Destacados • Views: 1702

¡La música nos invade el alma desde muy temprano,  hay que celebrarlo! San José, a pesar de los ataques de aquellos críticos que alegan por una ciudad controlada al mejor estilo modernista, esta cargada de texturas, paisajes que la nutren  para ser un lienzo de imágenes sonoras conectadas en  una red de “microacontecimientos” que la mantienen viva, pulsante. Y no porque para esto fuera diseñada, sino porque sus habitantes han borrado sus fronteras.

¿Dónde están las fronteras de la ciudad? El modernismo en Arquitectura se planteó esta pregunta en el constante proceso de evolución del diseño a mediados del siglo XX, con la necesidad de romper directrices estéticas  y establecer  la necesidad de control visual, la cual termina por añadirse a la longeva voluntad del diseño urbano políticamente controlado. Pero la descripción de los límites de la ciudad nunca incluyó a los efectos sonoros, y mucho menos al impacto de la llegada de nuevos estilos musicales, o con ellos los efectos sociales de los mismos.

La idea de cultura germinada en los habitantes de  San José esta muy ligada a los eventos que ofrece la ciudad, los cuales han estado controlados por el estado, en su mayoría, y además, son herederos de un concepto de gusto  liberal, elitista y sectario. Por ejemplo: para el “pseudo” culto josefino, frecuentar un concierto en el Teatro Nacional, es parte de su agenda social, en la cual además incluye, una cena en los restaurantes costosos de la ciudad, el estacionamiento del automóvil en un parqueo, y si el corazón se le ablanda, ofrece unas cuantas limosnas en el trayecto hasta la llegada del Teatro.

Este personaje se ha perfilado como el ciudadano del buen gusto, aquel que impone la rigurosidad estética dentro de una población diversa que, según él, no entiende de la “buena música”. Además necesita del “juicio crítico” de algún “anticuado académico”, emisor de  alguna calificación general a los eventos que frecuenta, y con la cual comentar “inteligentemente” entre sus “iguales”.

Los medios de comunicación y  el sistema educativo, le tallan el corbatín a estas figuras de la cultura Josefina, legitiman el discurso hasta hacernos creer, como población, que la “música erudita” es la única que adorna al “ciudadano culto”, y mucho más si es emitida desde uno de los antiguos teatros de la ciudad. El mecanismo de poder es muy claro, hasta es asumido por los presentes en las actividades del Teatro, pues aquel que decidiera, por ejemplo,  llegar con pantalones cortos a una de las funciones, es visto de mal modo y con una supuesta incapacidad de apreciar lo que ahí dentro habrá de exponerse.

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