Escuchar San José, experimentar sonidos, modular Costa Rica

junio 9, 2014 • Destacados • Views: 4299

Un economista francés llamado Jacques Attali, hace algunas décadas, escribió un ensayo que se titula Ruidos: Un ensayo de la Economía Política de la Música donde además de exponer la historia del devenir de la música en correspondencia con el desarrollo de las sociedades y economías hace una crítica a la teoría económica clásica y actual al denunciar el olvido a la escucha como experiencia que moldea las estructuras sociales, y del sonido como variable y herramienta de análisis sociológico. El esfuerzo del autor en el ensayo amplía el horizonte de la discusión de los límites de lo social en el sonido.

Lo social se discute, según el autor, inclusive desde las sonoridades, pues estas son un registro de lo material, de su voz, por así decirlo. Según el autor, en el sonido intervienen diferentes formas de producción cultural y de orden económico. Nuestro interés, al igual que el de Attali, rescata la idea de que San José tiene un registro propio, San José contiene su propia voz, una voz que nos obliga no sólo escucharla sino de dialogar con ella, de experimentar sus sensaciones, de modularla como actores históricos de nuestro presente.

Preguntas claves en nuestro contexto se asoman: ¿Cuál es la voz de San José? ¿Qué nos dice ella exactamente? ¿Se puede experimentar empíricamente además de entrar en diálogo con ella?

Escuchar San José

¿Qué sería de San José sin las sirenas de la policía, sin la polifonía de los vendedores de tarjetas telefónicas, sin el sonido de los semáforos al señalar el derecho de los transeúntes de cruzar, sin los timbres de Kolbi en los celulares, sin la algarabía de sus estadios, o la música de “Marito Mortadela”? Fácil… sería otra ciudad, otro espacios, pero con otras sonoridades.

Los sonidos descritos reflejan algunos de los paisajes característicos de la ciudad de San José, algunas de sus promesas y esperanzas, algunas vías que se definen como oráculos de cambio; ellas todas describen una ciudad que vive en la decadencia de las relaciones de poder que ha germinado en distinciones de comunidades históricamente excluidas como La Carpio, Pavas o León 13; una ciudad que descompone el tejido ambiental de sus ríos a servicio de grandes transnacionales y de su cultura de consumo; una ciudad que se construye bajo la idea de metrópoli pero que margina a sus indigentes en la precariedad e indiferencia; una ciudad con una red vial deplorable; y nos habla mayoritariamente de una ciudad que ha modificado ciertas estructuras sociales a partir del desarrollo tecnológico; una ciudad de exclusión en donde sus corpografías re-suenan. Esta ciudad contiene su propia sonoridad, una sonoridad política.

Aún con todos estos problemas, San José es una ciudad que busca sonar diferente, diferente a la “modulación” de políticos anteriores que manejan a su conveniencia cual instrumento musical, diferente modulación no por la llegada de otros políticos sino por la instauración de nuevas formas de democracia social que empoderan a los agentes sociales como creadores sonoros de su contexto. Esta insurrección supone tres escenarios ninguno excomulgable del otro: 1) la modulación de los sonidos; 2) y el actor como intérprete de los soundscapes (paisajes sonoros) de su ciudad; 3) el autor como modulador y sintetizador del sonido.

Pero, ¿a qué viene el acto de la búsqueda por la reivindicación con la escucha de las sonoridades de San José? Pues la escucha es un acto de reivindicación misma, nos obliga a denegar de la normatividad de los otros sentidos, es un acto de transgresión en sí mismo; es un acto de conciencia, o como indicamos antes, es la voz de la conciencia misma siendo eco de las acciones materiales.

El empoderamiento de la capital empieza por la conciencia de la escucha, por su reflexión sobre sus posibilidades sonoras, como fuente que es, por la revisión de sus ecos.

Las sonoridades de una ciudad dan sentido al contexto, sus sonidos se crean y se distribuyen en la comunidad, se consolidan, pero también se censuran, se esconden, ahí es donde se recrea el poder y donde nace la escucha en nuestras sociedades de control. Balas al aire, discursos políticos, ambientaciones acústicas para centros comerciales, manifestaciones políticas… El registro del sonido es tal vez la característica más importante de San José y de las demás ciudades cosmopolitas. Los espacios sonoros condicionan el universo de sentido que socialmente construye el ser humano en comunidad para legitimar la práctica de acciones y discursos.

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