De Chepe a La Ciudad de la Furia

San Telmo

agosto 20, 2014 • Arte y Cultura, Ciudad, Destacados • Vistas: 1483

San Telmo

“La ciudad en sí misma hay que confesarlo, es fea” – Albert Camus

 

Cuando vivía en Costa Rica, me pasaba quejando de Chepe. Ahora, 7000 kilómetros después, la

extraño.

San José a decir verdad me recuerda a la descripción que hace Camus sobre Orán en su libro “La

peste”. Una ciudad pequeña, complicada, a decir verdad: fea…. Me apego a Camus cuando dice “El

modo más cómodo de conocer una ciudad es averiguar cómo se trabaja en ella, cómo se ama y cómo se

muere”.

Chepe, tiene su encanto. Soy tica y viví 25 años de mi vida en la capital costarricense, pero este año

cumpliré mi primera primavera. Sí. Todo empieza con el clima. Vivo en La Ciudad de Buenos Aires,

Argentina. La ciudad “más europea de Latinoamérica” (tal y como la describen los porteños).

 

El Clima.

Como les decía antes, todo empieza por el clima. En Centroamérica no existen las estaciones. Yo

cumplí 25 épocas lluviosas y 25 no tanto… Aquí, la primavera existe y llega más o menos para mi

cumpleaños en setiembre. Eso me emociona.

En el hemisferio sur estamos comenzando el invierno*. Concepto que para mí, hasta hace unos día era

lejano, un mito urbano, un cuento de navidad neoyorkino…. Sinceramente me quiero matarrrr. Hace

frío, es húmedo… te cala en los huesos. Salgo a la calle vestida como un cosaco ruso y lo peor, es que

lo peor aún no llega. En fin, es parte de la aventura.

Pero extraño los micro-climas. Nada como salir de mi casa en Rohrmoser en shorts y sandalias,

atravesar Avenida Central, bajo ese sol tropical, montarme en el bus de Barrio Pinto, bajarme en la

Calle de la Amargura para que dentro de la UCR esté lloviendo a cántaros. Clásico. Una salía de

la casa con suéter y sombrilla “por si acaso”. No los usaba por un par de días y el finde que dejaba

tales objetos en el sillón de la sala, caía aquel baldazo. Puede sonar extraño, pero tengo mal de patria

climático.

 

La ciudad.

Buenos Aires es una ciudad que respira cultura. Yo en lo particular vivo en el barrio bohemio por

excelencia: San Telmo. Música en la calle, tango en Plaza Dorrego, la feria y la murga los domingos, el parque

Lezama, los hinchas del Boca…

Podés ir a la avenida Corrientes a ver teatro a las 11 de la noche, salir e ir a comprar un libro a alguna

de las múltiples librerías abiertas y lo mejor: hay servicio de bus 24 horas. En mi centroamericanismo,

eso es maravilloso, como un sueño de opio hecho realidad.

La ciudad nunca duerme. Algo que me llamó poderosamente la atención, es que a todas horas escuchás

los carros pasar… en San José llega un punto donde las calles dejan de transitarse casi en su totalidad

durante la noche. ¿Me van a decir que nunca se fijaron por la ventana (como buenos chepitos) por

ahí de las 11pm, por que un carro pasó haciendo un escándalo frente a la casa, por que esas ya no son

horas? Bueno, en Baires siempre son “horas”.

Lo que me impactó más en mi primer amanecer bonaerense fueron las montañas. No hay. Punto. Yo

vivía en el Valle Central, técnicamente 360 hermosos grados de montañas. Acá es plano… no hay una

sola montaña como en 1500 kilómetros (y no exagero, Argentina es el octavo país más grande del

mundo en extención territorial). Aquí se pierde la noción de las distancias.

Eso sí que me gustaba: la comodidad de Chepe. Que es una ciudad caminable, con rinconcitos mágicos,

fáciles de ubicar… obviamente familiares. Una ciudad (si es que se puede llamar así) que se recorre en

un día con una columna vertebral más que evidente, de no más de diez cuadras.

 

La bicicleta:

No he visto una sola curva, y mucho menos una cuesta, por lo que andar en cleta es una maravilla,

además hay más o menos noventa kilómetros de ciclovías funcionales (y antes que una se sudaba toda

subiendo Cuesta de Moras jeje). A la masa crítica llegan unas 400 personas, saliendo del Obelisco,

todas noches de luna llena y el segundo domingo de cada mes. Es lindísimo ver a gente en traje y

corbata ir al brete en bici, o familias que no tienen auto y usan la cleta como medio de transporte. De

pronto eso le falta a Chepe.

Pero no todo es perfecto. Hay ciertos momentos en que me gustaría prenderle fuego como Roma

en tiempos de Nerón. Buenos Aires es una ciudad vertiginosa, donde se pierde el sentido de las

dimensiones, Edificios altos, rincones en la eterna sombra, sencillamente hay lugares de la ciudad que

ya nunca toca la luz del sol. ¿Avenidas de 8 carriles? ¡Madre mía! Y las conducen como italianos…. Es

cierto, aquí es raro ver un hueco en la calle, pero lo que no es raro es ver basura. Yo pensé que no había

ciudad más sucia que Chepe, hasta que llegué a Buenos Aires. Me ha tocado ver gente tirar basura

por las ventanas del colectivo (como le llaman acá) y que nadie diga nada. Basura amontonada en las

esquinas, la mierda de los perros, concepto del reciclaje nulo. Como que se me paró la peluca.

La gente vive acelerada, sin notar al otro, de pronto muy ensimismada. Esa calidez que Chepe tiene, no

la determiné hasta que llegué acá. A veces extraño lo chiquitico, que todo el mundo se conoce y todo

el mundo es “primo”. Por otro lado, me encanta que aquí vine a empezar de cero, sin un pasado latente

pero con un futuro que se construye y se lucha casi, como una ciudad, a veces encantador y otras veces

desordenado, atropellado y sin planificación…

 

*Hago la aclaración, que este texto se escribió al principio del invierno… la verdad no fue tan “güeiso” como esperaba y al final del cuentas terminé disfrutándolo…..

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